42 km llevan a Roma

La frase “Todos los caminos llevan a Roma” nunca fue tan cierta para mí como hoy.

Porque ahora, ya desde Madrid, cierro los ojos y rememoro sonriendo, todos y cada uno de los momentos vividos durante esta Maratón. Todavía me emociono, el corazón me late más fuerte y siento la más pura y absoluta felicidad. Un recuerdo imborrable que ya me pertenece. para siempre.

Si, Maratón de Roma.

Ya eres mía.

Recuerdo un día de esos en los que te pones a imaginar imposibles, lo bonito que sería correr en aquellas ciudades que para ti, tienen un significado importante. O incluso conocer lugares nuevos, corriendo en vez de andando. Pensé en Roma por haber representado mi etapa adolescente, en la que me fui a vivir allí. Primer amor, primer trabajo, muchas primeras veces… Creo que fue allí cuando realmente me hice mayor, alcanzando la madurez lejos de casa, de mi madre, familia y amigos a los que extrañaba día tras día. Todos esos momentos del pasado, vinieron a mi mente ese 7 de Abril, mientras corría por las calles de Roma, o mejor dicho, por las calles de mi memoria. Cuando doblas la esquina y encuentras un rincón familiar; una calle que hace tiempo recorriste camino al trabajo, yendo de compras, paseando con alguien de la mano….

Es entonces cuando entiendes que no hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado nada, para ver lo mucho que has cambiado tú.

Una maratón es larga si, como la vida misma. Cada kilómetro es como un capítulo de tu propia historia… y sabes que cada zancada que des, aunque no deje huella en el asfalto, lo hará en tu recuerdo.

Aún puedo notar esos 42 km uno tras otro, pesando en mis piernas pero sobretodo, en mi corazón. El grito animado de la ciudad eterna apoyando a sus corredores. Esos valientes que han elegido semejante escenario para cumplir su sueño. El recorrido por la zona más emblemática, te deja literalmente sin palabras ya desde el primer momento, saliendo desde el Coliseo. Había imaginado mil veces el momento de la salida, pero como suele pasar, sucedió de manera totalmente distinta. Tanto es así que a pesar de tener frente al hotel, la salida del maratón, la zona estaba vallada y tuve que rodear medio Coliseo para poder entrar, Estaba diluviando y ahí estaba yo, corriendo a sprint para llegar al arco de salida, intentando no resbalarme con el adoquinado, otro pequeño detalle que hacía esta carrera mucho más interesante.

En fin… aunque esos primeros instantes fueron un poco caóticos, pronto encontré al resto de corredores y asenté el ritmo de carrera.

Como siempre, corro contenta. Intento tomarme una carrera tan larga, con filosofía. Filosofía “disfrutona” como suelo decir. Disfrutar cada momento y detalle. Ya se sufre demasiado en la preparación, en las interminables tiradas largas, intervalos, series, cuestas o entrenamientos de potencia. Lo reconozco, estos meses me he preparado mejor que nunca, sobretodo dejándome guiar por Berni quien me ha aconsejado en cada paso del camino. Ha sido duro y a la vez enriquecedor. Incluso siento que he crecido y aprendido nuevas cosas de mi misma. Por eso para mi el dia de la carrera, no puedes cometer el error de perdértela. Es obligatorio sentir al 100% todo aquello que suceda, las subidas, las bajadas, los falsos llanos…incluso esos pequeños dolores que aparecen y debes afrontar. Porque en todo momento, debes tener claro que si estás corriendo es porque tú lo has elegido: no estarías en otro lugar, ni en otro momento, porque ESE es TU MOMENTO; porque lo quieres con todas tus fuerzas y nada te va a parar. Como en la vida, muchas veces te enfrentas a situaciones que no son agradables, donde sufres, donde lo pasas mal. Pero si tu objetivo está grabado a fuego en tu interior, nunca te rindes, nada te para y sigues adelante. Porque si es tu sueño, eres capaz de tener paciencia, fe en ti mismo, creer en tus capacidades, en el esfuerzo que estás haciendo y el que te ha llevado a dónde estás. En la Maratón, la recompensa llega más tarde que temprano, pues 42 km se hacen verdaderamente largos.

Pero llega.

Al principio como en todo, empiezas con ilusión. Llevaba un buen ritmo pero aún así, no me importó entretenerme corriendo más lento, y sacar el móvil para hacer fotos y algún video. Después de todo, no todos los días corres en Roma. Además, iba mandando mi ubicación al equipazo que me acompañaba y por supuesto… a mi madre, que estaba conmigo en el alma pero desde Madrid. Fue hacia el 15km/16km que me esperaban Diego, Livia y Berni. Verles me animó muchísimo. Fue un soplo de aire fresco, el chute de energía que me hubiera dado alguno de los geles que no llegué a tomar.  No imaginé que ese iba a ser el primer y último momento que les vería en la carrera, algo que también es una moraleja de vida.

Empecé a notar molestias entorno a los 28/29 km. Aunque en general me pareció una carrera bastante llana, el mantener siempre el mismo perfil, acostumbrada a las cuestas de Madrid, consiguió cargarme las piernas antes de lo que pensaba. Las rodillas notaban ya el cansancio y otras molestias que ya me habían sido familiares durante la preparación, hicieron su aparición. Busque a mi equipo desesperadamente entorno a los 30k, porque necesitaba otro empujón. Les llamé y fue entonces cuando me dijeron que no nos veríamos más en carrera. Iba a un ritmo más rápido de lo que habíamos previsto y Roma es un auténtico caos en cuanto a transporte y comunicaciones. Pensaron que era mejor asegurarse de verme en meta, a intentar alcanzarme en otro tramo de la carrera.

Se hizo duro escuchar eso. Pero mentalmente no dejé que me afectara, nada sería excusa para no seguir avanzando.

No pasa nada Eli, ahora estarás sola otro rato, como esos días de tiradas largas infinitas. Concéntrate.”

Continué sin parar. Mis piernas empezaron a ser más pesadas y el dolor de las rodillas ya era interesante, cuando además, llegó una cuesta progresiva que no acababa. Era sutil pero larga, muy larga.  Dejé de escuchar música. Me desconcentraba y tenía que poner toda mi atención en la técnica, a la que ahora más que nunca tenía que recurrir.

Me tenía que abrazar a algo, a alguien. Pensé en la persona más importante de mi vida, y no sólo por habérmela dado. Cogí el teléfono y la llamé sin dudar:

– ¿Has acabado ya Eli?

-No Mamá, estoy en el 37

-Solo 5 Eli !!!No te queda nada!!!!

Toda la gente que animando te dice:

“Estáis acabando, no os queda nada!”

Y piensas ¿NADA? Os puedo asegurar que esos últimos kilómetros no pasan a la misma velocidad que los primeros. Se hacen literalmente ETERNOS.

-Hija venga TÚ PUEDES, como has podido con todo en tu vida.- Eso me gritaba desde el otro lado del móvil, mientras se escuchaba de fondo el nuevo cd de Eros Ramazotti, concierto al que fuimos hace unos días.

Pensé entonces que no importaba si estaba en Madrid o en Roma, porque la distancia no existe, cuando tu corazón está unido a alguien. Después de todo… nos cubre el mismo cielo ¿no? Miré hacia arriba y me pregunté si también mi padre estaría mirándome desde allí arriba, orgulloso o simplemente… contento.

Sonreí y sin más, continué. Prueba de que una mente fuerte y sobretodo un corazón apasionado, pueden más que un cuerpo fatigado. Escuchar la voz de mi madre fue como una tabla de salvación, una vuelta a la realidad que me decía:

Espabila, que hemos venido a cumplir un sueño y no nos iremos sin él” 

En ese momento supe que tenía la Maratón en el bolsillo. Porque yo lo creía, porque mi madre sabía que lo conseguiría. Y todos sabemos que las madres, SIEMPRE llevan razón.

Aún así, al igual que el año pasado en Madrid, mi gran “muro” no llegó a los 30, sino a los 40k. El sol había salido y ya agobiaba. Tuve que tirar de toda esa fortaleza mental para obviar el dolor de las rodillas cuando de cara al final, apareció de nuevo el suelo adoquinado. Ese adoquinado que en los primeros kilómetros, puedes gestionar pero que en el último tramo se hace durísimo. Pero el 42 estaba cerca, y eso que vuelves a ver el Coliseo al fondo, antes de alargar otro poco más el recorrido. No importa, está ahí. Ya sientes realmente que ahora sí:

NO QUEDA NADA

Cuando volvimos a ver el monumento, por fin comenzamos a rodearlo, entrando en la recta de meta, esa que había recorrido a sprint 3:55h. antes.

Iba feliz, buscando a mi equipo con la mirada, llenándome de aquellos últimos segundos.

Y llegué. Atravesé la meta de mi soñada Maratón de Roma. Y lloré, lloré como nunca, con una emoción desbordante, que no pude ni quise contener. Era un huracán de sentimientos incontrolables pero por encima de todos FELICIDAD.

Encontré a Diego, le abracé con tanta fuerza que el corazón se mi iba a salir del pecho. No paraba de llorar a lágrima tendida y de sonreír a la vez. Que sensación más única.

Luego entre la gente, encontré a Livia y a Berni. Cuando abracé a este último, de nuevo apareció ese llanto desbordante. Berni, quien me había acompañado desde el primer momento.  Desde que le dije que correría el maratón de Roma y no quería otro entrenador que no fuera él. Elaborando el planning a mi lado, con kilómetros, entrenamientos y masajes pautados. Todo pensado para llegar a ese momento en el mejor estado de forma posible. Y lo consiguió, lo conseguimos. Y espero que en aquel abrazo sintiera todo lo que intenté trasmitirle. Desde un profundo agradecimiento por todo el tiempo que me había dedicado a mí y a este gran reto, convirtiéndolo casi en un sueño propio. Hasta el sentimiento de conexión profunda, de que aunque hubiera corrido yo, la fatiga, el esfuerzo, la emoción y el orgullo de haberlo conseguido, era de los dos.

Gracias, de corazón… GRACIAS.

La mitad de esta medalla, sin duda es tuya.

(Aunque me la quedaré yo, que ya la he cogido cariño paseándola por Roma) 

Por otro lado no me puedo olvidar de mi compañera Esther, que nos cubrió desde Numa para que pudiéramos hacer el viaje y se encargó de cuidarme en los meses previos al Maratón. Y tampoco me puedo olvidar de aquellas personas que no pudieron estar esta vez, pero que siempre van a mi lado, apoyándome e impulsando mi corazón hacia adelante… hacia cualquier meta, Clara, AlejandroMiki, mi hermana Sonia

Además cabe mencionar que en el mismo día, corrían en Madrid, mis queridas runners de Numa. Ellas también lo lograron, y aunque como su entrenadora, sabía que lo conseguirían, me alegré profundamente de que para todas nosotras, fuera un momento de gloria.


Al terminar la carrera, no hubo mucho tiempo para el descanso. Teníamos un viaje que aprovechar, después de todo, estábamos en Roma.

Os dejo algunas de las imágenes de ese intenso fin de semana, que no olvidaré jamás.

En definitiva, esta es la experiencia más increíble que he vivido hasta el momento: el logro más especial. Todo lo que ha significado, el camino recorrido hasta aquí, representa un gran capítulo en la historia de mi vida; capítulo que aun no he cerrado.

Porque un maratón es  extraordinario

pero ¿dos?


Fecha: 27 de Abril.

Corremos en casa

Vuelvo a por ti . . .

Maratón de Madrid.


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