Miedo escénico

En toda historia de Superhéroes, hay un villano al que derrotar. Lo que no esperaba a estas alturas del cuento, es que me iba a encontrar con uno de la infancia al que creía haber vencido.

Recuerdo cuando me ponía delante de un grupo de personas, me entraban unos sudores fríos. Si no fuera poco con la voz temblorosa, un repentino tic en el ojo hacía que parpadeara una y otra vez. Cuando tenía que leer, prefería casi sabérmelo de memoria.

Creía que era algo del pasado pero quizá no me había enfrentado a una situación en la que verdaderamente me sintiera insegura o vulnerable. Y ¿puede ser que ese momento fuera precisamente haciendo lo que más deseo hacer en la vida?

El Sábado hicimos una prueba práctica en el curso de Pilates y nos tocó hacer de profesores. Algo normal y lógico, ¡lo he hecho antes! Pero el método Pilates es diferente: no se trata de marcar pasos, no se trata de llevar el ritmo, ni de mera motivación. Tienes que explicar lo que sucede en el cuerpo, hasta lo más instintivo como la respiración. Tienes que llenar la clase de indicaciones verbales, táctiles, tanto técnicas como sensoriales, imaginación, intuición… Que cada persona sepa exactamente por lo que dices y cómo lo dices, lo que tiene que estar sucediendo en su cuerpo. Y todo ello de una forma fluida, armoniosa, formando parte de la energía de la clase.

Sí. Es algo realmente extraordinario. Algo que profesores como Alberto Segovia, tienen el don de hacer y que parezca sencillo. Y digo don, porque considero que es un verdadero arte.


En mi mente, pesó más la inseguridad, el respeto hacia mis compañeros que son todos ellos una auténtica pasada, y muchos trabajan ya en el sector. Pesó el creer que quizá no se me daría bien, que eso de liderar “no es lo mío“…

En definitiva miles de excusas que me impidieron ver la realidad:

Que estoy preparada, que amo el mundo del entrenamiento físico. Que esta pasión puede llevarme lejos, tan lejos como quiera llegar. Que mis ganas y entrega son el más fuerte potencial. Algo que debe pesar más que las dudas. Esas que sólo nacen cuando sales de tu zona de confort; esas que solo tienes cuando estás siendo valiente para dar un paso al frente. En dónde no sabes qué va a pasar pero has tenido el valor de arriesgar.

Cuando casi estás ahí, donde soñabas estar, el miedo ya no tiene lugar. No le dejes entrar, ni dejes que te paralice nunca más. Y esto te lo digo a tí si has o estás pasando por lo mismo, y me lo digo a mi:

No seamos nuestros propios  enemigos.

Estoy trabajando en ese maldito miedo escénico. Este, es mi primer ejercicio para superarlo: Una reflexión escrita aquí para que estas palabras me acompañen la próxima vez y me hagan ver la realidad. Que sean mi referencia en el suelo como lo es la fuerza de gravedad.

Y sé que quizá una instructora no debería reconocer esto si se quiere dedicar a ello. Quizá estoy tirando piedras contra mi tejado. Pero no me importa, cada uno ha de superar sus propios obstáculos como un reto más del camino hacia el éxito. Lograré ponerme frente a ellos, ponerme frente a un grupo y que su energía me llene, me haga inmensa. Y que nunca más me haga sentir diminuta.

Si estáis leyendo esto, habéis o estáis pasando por algo parecido. Ya sabéis: no estáis solos. Vamos a derribar este muro, a acabar con el villano.

Mientras, desde aquí… seguiremos informando.


 

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